Emilio Benitez , El PAIS – 29 JUN 2010

Casi 500 parejas heterosexuales españolas en las que uno de los miembros tenía VIH han participado en uno de los mayores estudios sobre prevención de la infección, y la conclusión es clara: “Cuando se usan bien, los antivirales actuales son más eficaces para impedir la transmisión del virus que los preservativos”. Lo afirma Jorge del Romero, del Centro Sanitario Sandoval de la Comunidad de Madrid.

En verdad, el artículo publicado por el British Medical Journal dice que “aunque no se puede excluir totalmente la posibilidad de una transmisión heterosexual a partir de personas que están tomando terapia antiviral combinada”, los resultados muestran que “con esos tratamientos el riesgo de transmisión es realmente bajo”. Pero Del Romero admite que esas precauciones de la redacción son más una imposición de la revista que consecuencia de su trabajo, porque sus datos (y los de un par de estudios más que ha habido en el mundo) son concluyentes: “Cero transmisiones en 7.000 coitos sin protección desde 1996, cuando llegaron los tratamientos combinados”. En cambio, en el grupo ha habido una transmisión en una pareja no tratada que usaba preservativos. Simplificando el lenguaje estadístico, eso quiere decir que el riesgo de infectarse por tener relaciones con una persona con VIH es, como media, una por cada 1.500 veces si se usan condones (pero no medicación), mientras que en el caso de una pareja que no usa preservativos pero sí lleva bien el tratamiento va de cero (lo que ha pasado) a, como mucho, una de cada 2.000.

El control de la infección permite tener hijos sanos de forma natural
Los datos son el resultado de un seguimiento que empezó en 1989, aunque entonces no había tratamientos combinados. Desde entonces han pasado por el estudio 485 parejas, lo que hace del trabajo uno de los más largos y con más participantes en este campo. De ellas, en un 80% de los casos era el hombre el infectado.

“Nosotros no le decimos a nadie que no tome precauciones, pero si lo van a hacer, tenemos que aconsejarles cómo hacerlo mejor. Es pura reducción de daños, como lo que se hace dando jeringuillas a una persona que va a inyectarse heroína”, dice Del Romero. El médico destaca que en los últimos años, cuando las personas con VIH han ido asumiendo que podían controlar la infección, han aumentado las consultas, sobre todo entre los que querían tener hijos. “Esos niños son la muestra más tangible de que ha habido relaciones sin preservativo”, dice Del Romero mostrando una pared llena de las fotos de los bebés de las parejas que ha atendido. El resultado es que estas parejas habían tenido en 2008 (cuando se escribió el artículo) 47 embarazos naturales. “Pero la demanda va en aumento, y en el último año y medio ha habido una treintena más”, señala el médico.

Para conseguir que el proceso sea seguro, en el Centro Sandoval se hacen pruebas a los dos miembros de la pareja. Se mide la eficacia del tratamiento, manifestada por la carga viral (cantidad de virus en la sangre). También que ninguno de los dos tenga enfermedades sexuales, porque aumentan el riesgo de infección. Y que el esperma del hombre sea de calidad suficiente, porque no tendría sentido que se expusieran si no hay garantías de embarazo. Y se aseguran de que en el esperma no haya virus, ni libre ni insertado (oculto) en los linfocitos. Por último, se enseña a las mujeres a identificar los días fértiles del mes.

Pero conseguir embarazos seguros es solo una consecuencia del control de la infección, insiste Del Romero. Y el trabajo tiene otra secuela interesante. Al comprobar la carga viral (si hay virus) en la sangre y en el semen, se ha podido ver que coinciden en el 100% de los casos cuando se mide la cantidad de virus en el esperma; y en el 98% si se busca VIH integrado en leucocitos.

El médico insiste en que estos datos no son un llamamiento para que la gente no use el preservativo, “que tiene un nivel de protección muy alto”. Pero demuestran que hay otras maneras -mucho más caras, porque el tratamiento cuesta unos 8.000 euros al año- de frenar la transmisión del virus. Del Romero también advierte que los datos no son extrapolables a relaciones homosexuales, porque no se han estudiado, y porque el coito anal tiene más riesgo.