Por: Reinaldo Cosano. La Habana, Cuba.
Se descorre lentamente el velo que cubre la violenta represión homofóbica, pero los culpables no piden perdón público.

Difícil es precisar cómo se incubó el virus de la represión homofóbica avizorado con el machismo de los días de la guerrilla en la Sierra Maestra, cuya magnitud jamás tuvo antecedente en Cuba, convertido en política oficial exacerbada por las principales figuras gobernantes, que mutiló espiritualmente o acabó muchas vidas.
Raúl Martínez González (Ciego de Ávila, 1927-La Habana, 1995), famoso pintor cubano internacionalmente reconocido, diseñador, rotulista y fotógrafo, homosexual, expone en sus Memorias:

“Era 1965. Comenzaron los ataques y represalias contra los homosexuales. Se creó la UMAP, supuestamente un centro de rehabilitación. Se justificaba su creación siguiendo ideologías ya antiguas, pero creyendo tontamente en el “hombre nuevo”. Esto fue anterior al Congreso de Cultura en 1971 que ratificó la política oficial [represiva] ante el hecho de la existencia de homosexuales en el país […] Yo creía ingenuamente que este nuevo campo de rehabilitación no me afectaría, por mis características personales, los valores que tenía como pintor y profesor de la ENA [Escuela Nacional de Arte] y de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Pronto descubrí que los métodos empleados para reclutar candidatos y llevarlos hasta Camagüey, donde se hallaban los campamentos, eran totalmente criticables, un abuso en que cayeron los Comités de Defensa encargados de suministrar nombres y señalar a todos aquellos que consideraban tenían –a su manera- una conducta sexual impropia, o que simplemente llevaran una vida separada del resto de los vecinos. Muchos deben haber cooperado por creer que la Revolución actuaba con buenas intenciones. Otros, mal intencionados, aprovecharon para “echar pa’ lante [denunciar] a todos los que molestaban y causaban problemas”. (1)
Represión masiva contra reales o imaginados disidentes de la Revolución, cuyos castigos peores fueron a partir de 1965 cuando arreciaron las redadas contra intelectuales artistas, religiosos, desafectos, homosexuales, lumpen y niños bitongos –expresión de odio contra jóvenes generalmente católicos, hijos de personas adineradas expropiadas- internados en campamentos de trabajo en el corte manual de caña de azúcar en la provincia Camagüey, que recuerda los pogromos nazis contra judíos, prisioneros de guerra, desafectos políticos, religiosos Testigos de Jehová y homosexuales condenados a los campos de exterminio con el apotegma a la entrada, el “Trabajo Libera”, barniz encubridor del genocidio.
Coincidentemente las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) surgen en Cuba apelando al trabajo para la reeducación sexual y política. Estrategia oficial del encierro obligatorio, trabajo forzado, aislamiento de decenas de miles de cubanos en condiciones infrahumanas. Época de terror para los varones entre 16 y 50 años, período de conscripción militar. Las autoagresiones corporales y los suicidios entre los reclutaS fueron frecuentes como escapatoria de las UMAP.

Alicia Alonso, Prima Bailarina Assoluta, directora del Ballet Nacional de Cuba, protegida del gobernante Fidel Castro, en no pocas ocasiones pidió a su protector rescatar a integrantes homosexuales del Ballet del destino a las UMAP cuando eran atrapados en redadas de la policía.

La caza de brujas se ensañó sobre la Inteligencia –no solo homosexuales- por disentir de la ortodoxia castrista: intelectuales, escritores, artista, periodistas. Claro, también sencillos ciudadanos. Represión que hace recordar los campos de concentración y asesinatos por el Khmer Rojo maoísta.

Los entonces seminaristas católicos, Jaime Ortega Alamino, actual Cardenal de Cuba y Troadio Hernández, después sacerdote, por ejemplos, fueron forzados huéspedes de la UMAP -lo mismo que demás feligreses Testigos de Jehová, Bando Evangélico de Gedeón y otras denominaciones cristianas- en las inhóspitas, solitarias, llanuras de Camagüey, aislados del resto del planeta. Una manera de castigar y desmembrar a la religión sobre premisas del declarado ateísmo marxista de la Revolución.

El poeta José Mario Rodríguez, acusado de “disoluto y liberaloide” (sic) y otros escritores de la oficialista Ediciones El Puente fueron a parar a las UMAP. En tanto muchos escritores y artistas fueron asediados, encarcelados, aunque no precisamente en campos de la UMAP. Entre ellos el poeta Heberto Padilla, Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas, Manuel Ballagas, Roberto Luque Escalona, Fernando Velázquez, Víctor Sierpa, Nancy Estrada, Lina de Feria, María Elena Cruz Varela, Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Bernardo Marqués, Manuel Granados y Reinaldo Bragado.
Sin embargo, la noria represiva contra la intelectualidad no se detiene. Nunca se ha detenido en medio siglo de “revolución”.

En días reciente el escritor multi premiado Ángel Santiesteban recientemente fue condenado a cinco años de prisión por el supuesto delito de violación de domicilio y lesiones, un delito común exacerbado como pantalla para castigar a un escritor y periodista cuyas críticas incluso dentro del marco revolucionario, incomodó al régimen.

(2) Meme Solís, compositor y cantante, director de su agrupación musical fue condenado por homofóbicos gobernantes al ostracismo en la isla por ser homosexual en el momento de mayor gloria artística, suprimida por completo sus presentaciones personales y grabadas en la radio, TV y cabarets por desagradar a los gobernantes su desviación sexual. Tuvo que esperar dieciocho años de censura y miserias humanas ajenas para que le otorgaran la gracia del permiso de salida del país. El régimen de La Habana ahora, con intención de sacarlo del closet, reivindicarlo, perdonarle su falta, lo invitó recientemente a visitar su país para participar en una gala de lujo bajo el título de uno de sus mejores éxitos musicales, Otro Amanecer, a años de su exilio y los otros quince años de encierro en el armario, prohibida su música, convirtiéndolo casi en desconocido para las últimas generaciones de cubanos. Invitación sin mediar disculpa pública ni privada por la condena al ostracismo, encerrado en el armario, frustrado. Pero el destacadísimo músico no cayó en la trampa del ignominioso rescate y declaró al Nuevo Herald, de Miami, que “una cosa es que mi música se ponga allá y otra es que yo vaya. No quiero ofender a nadie pero no creo que este sea el momento de ir. Las razones son obvias. Pasé demasiado cosas allí por las que no quiero viajar”.

Continúa el pintor Raúl Martínez: “Muchos amigos –homosexuales o no- fueron enviados a los campamentos. También figuras conocidas de la Nueva Trova, escritores en ciernes, teatristas. Entre nosotros se desató una ola de miedo al saber que la Policía, especialmente en la [concurrida heladería] Coppelia hacían redadas o se llevaban preso a cualquiera que se destacara por su vestimenta o gestos [afeminados]. Yo tenía miedo a ser confundido. Recuerdo con qué temor tomaba café en la parada de la guagua, mirando a un lado u otro para huir si algo pasaba. Cuando me veía obligado a pararme ahí mismo, al salir del [cine] Radiocentro o del [hotel] Habana Libre, rezaba porque llegara la guagua lo más pronto posible”. (1)
Cierta vez Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Orientación Sexual (CENESEX), hija del actual gobernante, fue cuestionada sobre la responsabilidad de su tío Fidel Castro por la existencia de las UMAP. Astutamente declaró (o al menos eso le han hecho creer) que Fidel Castro –siempre bien informado- no tenía responsabilidad alguna porque en ese tiempo estaba demasiado ocupado en otros asuntos del gobierno.

Raúl Martínez, lo mismo que tantas otras ilustres personalidades homosexuales de las letras y las artes: el poeta y narrador Lezama Lima, (La Habana,1910-1976); Virgilio Piñera, (Cárdenas, 1912-La Habana, 1979), narrador, poeta y dramaturgo; Antón Arrufat (Santiago de Cuba, 1935), escritor, dramaturgo, anduvieron como ostras encerrados en sus conchas, perseguidos, acorralados, marginados solo por no cantar loas al régimen, no bajar la cabeza, permanecer en Cuba, no aceptar expatriarse, condenados a mal vivir, escondidos en el armario del que ahora -vivos o muertos, uno por uno, por turno, la dictadura ladinamente los va sacando, puntuales rehabilitados en fechas redondas de nacimiento o muerte. Reivindicación sospechosa por conveniencia política de intentar cambiar la imagen represiva del régimen, adecentarlo en especie de borrón y cuenta nueva. Paradójicamente “resucitados” por el mismo régimen que los castigó, pero sin ofrecer disculpa pública ni privada, a ellos, sus familiares y amigos por tantos crímenes contra honorables personas. Crímenes patrimoniales contra la Nación.
(FIN)
cosanoalen@yahoo.com

Citas:

(1) Martínez González, Raúl. Confesiones (de) Raúl Martínez, Yo Publio. P.394. Instituto Cubano del Libro, Editorial Letras Cubanas, Artecubano Ediciones, Palacio del Segundo Cabo, O’ Reilly, 4, esquina a Empedrado, La Habana Vieja, Cuba.
(2) Ángel Santiesteban. Autor del blog Los hijos que nadie quiso. Narrativa premiada: Sueño de un día de verano, Premio UNEAC, 1995; Los hijos que nadie quiso, Premio Alejo Carpentier, 2001; Dichosos los que lloran, Premio Casa de las Américas, 2006.