Por: Ignacio Estrada.

La Habana, Cuba- No han sido muchos los cubanos que después de las reformas migratorias, han emprendido vuelo al mundo democrático, para cumplir el papel de verdaderas palomas o palomos mensajeros de una nación que envía a través de ellos un mensaje a cada persona amante de la libertad.

La patria nuevamente se enorgullece al verles transmitir el mensaje de una nación que por años a añorado describir lo que solo por medios de prensa alternativos nos hemos visto obligados a narrar. La Cuba en tiempo real esta siendo relatada en estos momentos por quienes no vacilaron ni un instante en abordar el primer avión para, ir a cumplir una noble tarea que, más que enriquecimiento ¿Habría que ver las consecuencias que les podría traer al regresar a nuestra isla?

Muchos son los que cacarean y tratan con artimañas del pasado tratar de desvirtuar esta realidad que ya está siendo vivida por sus propios protagonistas, seguidos por incontables ciudadanos de este universo y recogidas en cuantos medios de prensa existen.

Las personas que nombro palomas o palomos tienen nombres y no importa qué tiempo o no lleven quemándose las pestañas o jugándoselas como muchos dicen, enfrentando al régimen cubano. Lo importante es que no solo son comunicadores, escritores, informáticos, blogger o activistas de Derechos Humanos, por encima de todo esto. Son cubanos corajudos que no vacilan ni un instante, para llamar las cosas por su nombre.

Cada uno es un exponente del más amplio pensamiento de la sociedad civil cubana, desde la intelectualidad hasta los que de forma pacífica salen a las calles a exigir la libertad de sus seres queridos portando como arma única un gladiolo.

Berta Soler, Yoani Sánchez, Rosa María Paya, Orlando Luis Pardo Lazo y Eleicer Ávila pertenecen a generaciones diferentes al igual que a pensamientos y corrientes políticas. Pero solo una verdad les une y eso es lo que importa, es esta las que los convierte en los verdaderos protagonistas de lo que yo hoy quiero llamar una verdadera Operación Verdad.

El reconocimiento no bastara para homenajear a estos que no fueron ni por un instante los que clamaron, ¡Yo no viajare! ¡Esperare a que salgan los primeros y si estos salen y pueden regresar entonces viajare! Palabras que muchos repitieron aun mirando a algunos de estos abordando uno de los pájaros metálicos, que por décadas es obligatorio en el sueño de los cubanos.

Lo que cada cual exprese durante su viaje, de la forma en que lo haga se encuentra en todo su derecho a ejercer el derecho de la libertad de expresión. Derecho que solo es parafraseado en los medios alternativos de la isla.

Yo también soy de los que quiere viajar, soy de los que quiere narrar lo que vive a diario no solo como comunicador, ni como cubano más que esto, lo quisiera hacer desde mi punto de vista de persona que convive con VIH/SIDA por 12 años. Tengo pasaporte, pero no tengo dinero ahora sí, confió en Dios y en amigos que yo también en el momento adecuado podre salir y narrar la verdad de la comunidad.

Critique quien, critique ya la historia está escrita. Solo lograremos formar parte de ella cuando con lágrimas, sudor y sangre también podamos escribir nuestra propia página.

Con mi nota no quiero pedir un voto de silencio a ninguna persona, por el contrario quiero exhortarles a escribir más allá de cualquier rencor personal o envidias profesionales. No todos tenemos que pensar y hablar tenemos el derecho a ser diversos.

Reconozcamos que estos cubanos son en estos momentos los que están cumpliendo el Abrir las Puertas de Cuba al Mundo. Recorrido que hacen a pie por el mundo democrático.