Tomado de Diario de Cuba.

“Una mujer no se vestirá de varón y un varón no se pondrá ropa de mujer, y el que lo hace es una abominación a los ojos de Yahvé” (Deuteronomio 5, 22-5).

Mas allá de lo que condena la Biblia, lo cierto es que el arte del transformismo va ganando espacio en las noches de la Isla, en las que la admiración por un buen espectáculo se impone a las aprehensiones de ver a un hombre vestido con prendas de mujer.

Ya las unidades de la policía no hacen redadas en los periquitones como el de Mantilla, el de Cojímar, o el de Marianao, donde muchos homosexuales de La Habana se reunían para sus fiestas y encuentros.  Ya no les decomisan los vestidos, ni los tacones, ni les frotan papel por las mejillas en busca de polvo para maquillaje. Tampoco los multan ya por todo eso, ni por vestirse como nenas.

Para transformistas como Angélica María y Alisson, la ciudad parece ser ahora un poco más benévola que hace unos años.

El reto para ellos ahora no es esconderse de la policía, ni correr delante de ella. El reto ahora es abrirse camino en el mundo del transformismo, y vencer los prejuicios heredados de una sociedad totalitaria y machista.

Según algunos conceptos, el transformismo se da cuando una persona adopta por motivos artísticos la actitud y maneras de un personaje. Pero en Cuba, al transformismo se le asocia más con el mundo de los homosexuales que con el del arte. Y aunque nada tenga que ver la orientación sexual con el hecho de que un hombre se vista como una mujer para actuar, o viceversa, lo cierto es que son los homosexuales de la Isla los que abrumadoramente lo practican.

Alejandra Guzmán, Gloria Trevi, Olga Tañón, y Mirta Medina, son algunas de las artistas imitadas por los transformistas cubanos que, maquillados y vestidos como ellas, doblan sus canciones allí donde los prefieran ver actuar.

Claudio Álvarez Chan, cuyo nombre artístico es Alisson, tiene 22 anos, y empezó como transformista cuando tenía 19. “Me llamaba la atención ver a hombres vestidos de mujer. Entonces un día dije que tenía que ver cómo se veía ese arte de la transformación en mí, y nada, me transformé. Empecé en una fiesta de una casa particular. Lo hice para comprobar si realmente tenía talento, y si a la gente le gustaba, y me aceptaban. Me fue de lo más bien”.

Yunier Rodríguez Rey, Angélica María, empezó con 18 años. “Es un mundo competitivo y complejo. En un inicio necesitas de alguien que te tienda una mano para poder seguir adelante”. También debutó en fiestas particulares. Estas fiestas privadas en casas, los show en los paladares, la celebración de quinces, e incluso bodas son los escenarios donde mayormente actúan los transformistas.

Ellos han pedido que le den algún local para ensayar y divulgar su arte, pero se lo han negado. “Hemos pedido actuar en la discoteca de La Palma, es un lugar que se está deteriorando, y es mejor dárnoslo a nosotros que le vamos a dar más vida. Se llama la Casa de la Cultura de la Palma, en el municipio de Arroyo Naranjo. Se nos ha dicho que no, que necesitamos un papel que nos avale que podemos transformarnos, que lo que hacemos es arte. Pero a la misma vez no existe la  infraestructura que nos permita evaluarnos”.

No obstante, los administradores de algunos clubes estatales han notado la aceptación que los espectáculos de transformistas han tenido en el público que asiste a locales privados como El Mirador de las Estrellas, en Santos Suárez, y han abierto sus puertas a este tipo de espectáculos. Tal es el caso de centros nocturnos como Las Vegas, La Gruta, y El Karachi.

El mecanismo para acceder a actuar en esos centros nocturnos aún no está muy claro. Dice Alisson que para transformistas consagrados como es el caso de uno llamado Imperio, el administrador del club le ofrece, por ejemplo, 50 dólares por el show. Pero para transformistas menos conocidos el trato no es el mismo.

Para esos es el propio transformista quien debe traer a su público. El dueño no le pagará una suma fija, sino que el artista cobrará el dinero del cover que logró hacer con el público que trajo, y lo que consuman dentro del local será la ganancia del club.

Otro de los retos de un transformista es hacerse de un ajuar. Según Angélica María, “En esos lugares se vende una imagen, que hay que mantener, y es muy caro mantenerla. Yo he pagado por una peluca hasta 25 dólares. Por lo general las nuevas valen 30 o 40. Pero uno compra las usadas por que son más baratas. Los zapatos valen hasta 40 dólares. Lo más difícil es encontrar el número del pie de uno, pues generalmente los hombres tienen el pie más grande que las mujeres. Para los vestidos hay que comprar las telas. Son hechos a la medida, y puede costarte entre 30 y 40 dólares”.

Sus ganancias están en proporción al trabajo que hagan. Cobran entre 5 y 10 dólares el espectáculo. En ocasiones hasta 20 o 25 si logran actuar en una boda. Por lo general son tres piezas musicales, más el cierre. Otros transformistas de mayor éxito cobran mucho más. Algunos cobran hasta 80 por cada espectáculo.

Alisson y Angélica María creen que un lugar perfecto para los transformistas sería la Casa de la Cultura de algún municipio, que los dejen tan siquiera actuar todos los meses, no solo para los homosexuales, sino para otras personas que les gusta el espectáculo, para que comprueben que es una cosa bonita que se puede disfrutar.

Pero antes habrá que dilucidar si el reciente cambio de postura del Gobierno en cuanto al tema de la homosexualidad tiene en su agenda también brindar espacios culturales a los gays desde las tribunas oficiales.

Por lo pronto, Alisson y Angélica tratarán de seguir sobreviviendo en ese mundo de las transformaciones, y demostrar que un varón sí puede vestirse de mujer.