La Habana, Cuba- Durante la recién concluida semana nuevas voces visitaron la isla. Propiciando un ambiente de intercambio entre países latinos.

Con mi nota no quiero revelar por seguridad ni el nombre, ni mucho menos el sexo de quienes nos contagiaron con su sonrisa característica. Hoja Blanca es hoy una revista que llegó a la isla y según sus lectores ha llegado para quedarse entre nosotros.

Para quienes hemos vivido durante más de cinco décadas el aislamiento y la censura encontrarnos con la edición de Hoja Blanca impresa tanto como en digital, es adquirir una poderosa herramienta. En sus páginas, cada uno de nosotros puede encontrar un bastión o un lugar donde compartir nuestros criterios más diversos.

Volúmenes de la revista recorrieron las manos de jóvenes en la Habana, quedando atónitos ante la frescura del lenguaje y la propuesta de publicar sin palanca. Una de las cosas que más deja boquiabiertos a los cubanos es el hecho de que la Fundación Hoja Blanca fomente el encaminar y promover nuevos proyectos sociales que siembren la diversidad e inicien la formación de grupos socialmente vulnerables en comunidades distantes.

La Habana se vistió de lujo durante siete días y fue anfitriona de talleres de edición, trabajos en grupos, promoción y otras actividades las cual no quiero enumerar.

Ya hay quienes están comprometidos con la diseminación de la edición digital de Hoja Blanca, personas dispuestas a participar de una revista que despierta nuevas esperanzas a diferentes grupos sociales.

Hoy pongo punto final a mi pequeña nota pero antes quiero decirles que tengo mi blog, mi sitio web, mi perfil de facebook, y mi cuenta en twitter pero que a partir de estos momentos también quiero publicar y compartir con cada uno de ustedes mi forma de escribir desde esta isla caribeña, aprovechando la oportunidad de publicar en Hoja Blanca donde para publicar no se necesita Palanca.

En hora buena, Hoja Blanca.