No tengo palabras con la que describir las recientes declaraciones de su Eminencia el Cardenal y Arzobispo de la Habana Jaime Lucas Ortega Alamino durante su estancia la pasada semana en Estados Unidos.

Quienes hayan seguido cada uno de los cables de prensa que hacen de una u otra forma alusión a las declaraciones de quien es la máxima autoridad cubana de la iglesia católica, se han podido percatar que a pesar de mantener una intervención en un tono pausado, el lenguaje utilizado por el purpurado cubano pone en desventaja la credibilidad del buen actuar de la jerarquía católica en la isla. Sumándosele a su discurso la misma coletilla utilizada por la cúpula gobernante.

Quienes seguimos la evolución de la iglesia católica en Cuba, hemos denunciado en incontables ocasiones la mal nombrada relación iglesia estado y la complicidad de la iglesia al callar la verdadera situación existente en la isla en cuestión a la ausencia de un estado de derechos y la falta de espacios para el libre culto religioso.

Quizás para muchos las dos pasadas visitas papales a la isla son más que suficientes si le agregáramos algunos minutos en la televisión nacional o el recorrido último de la virgen peregrina, para demostrar ante el mundo la falsa libertad de culto en Cuba.

El comentario de hoy no pretende criticar el papel de la iglesia en cuba, lo que si pretende es poner en su lugar a quien usa la iglesia cubana en beneficio propio y en defensa de quienes sumergen la nación en una pobreza cada vez mayor.

Hoy quiero utilizar este artículo o comentario como púlpito y desde el, rebatir las palabras de quien no merece vestir el color purpura que vistieron tantos mártires de la fe cristiana. Las pasadas palabras de Jaime Lucas Ortega y Alamino, el pasado martes 24 de junio durante su intervención en el Foro Iglesia y Comunidad auspiciado por el Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller, de la Universidad Harvard, en Cambridge, Massachusetts. Al juzgar de muchos podrían calificarse como uno de los tantos discursos dictados por la oficina del departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Habría que preguntarle al Cardenalucho cubano ¿cómo pudo tener acceso a las fichas policiacas de cada uno de los ocupantes de la iglesia de la Caridad en la Habana? Además de preguntarle ¿cómo pudo obtener la información de que estos actos de desobediencia civil fueran orquestados desde Miami? A mi entender en esta ocasión como una de tantas veces al Cardenal se le soltó la lengua más de lo que debía, por lo que ahora tiene que soportar cada una de las críticas recibidas desde diferentes latitudes.

Nunca imagine oír de labios de quien es el máximo pastor de la iglesia en Cuba tanto rencor para quienes solo tratan de promover el respeto pleno a las libertades esenciales de cada hombre. Llamar delincuentes comunes a quienes cumplen injustas condenas en las más pésimas condiciones no descritas por personas como él, en ningún pleno internacional, lo que lo convierte en un cómplice de un gobierno corrupto e inerte.

Habría que preguntarle a Jaime ¿cómo se sentiría al ser llamado delincuente por el solo hecho de haber sido condenado a Trabajo Forzado en los años de la UMAP junto a tantos otros sacerdotes y religiosos por la única razón de practicar la fe?

Soy un fiel Católico, amo la fe de la iglesia, amo mi patria y la libertad que se experimenta en el abandono de cada una de nuestras vicisitudes en los hombros de Jesús quien merece ser llamado el Hombre más Grande de Todos los Tiempos. Pero cada vez que me encuentro frente a situaciones como las que hoy, pone al criterio del mundo el actuar de la jerarquía católica en la isla me veo en la obligación de pedir que no sea juzgado todo el clero cubano por el actuar de quien me atrevo a llamar como la Marioneta Cardenalicia de los Hermanos Castro.

Es mi deseo un nuevo despertar de la fe cristiana en Cuba libre de estereotipos y dogmas caducos que pongan al lado de la clase pudiente a quienes tienen que caminar al lado de las personas más necesitadas. Es mi deseo que el cuerpo de la iglesia cubana reciba con urgencia una transfusión de sangre joven que de nuevas ganas de vivir e impulse una nueva nación donde se cultiven los verdaderos valores patrios y cristianos.

Por hoy digo a dios a alguien que no merece ser llamado Cardenal y mucho menos cubano, personas como el deben de ser condenadas al olvido o mejor dicho condenados a cargar con el peso de la historia ignominiosa que solo él desde su alto cargo se ha podido inventar sabrá Dios y sus cómplices terrenales a cambio de cual beneficio.