Esta fue la respuesta que di a una de mis amigas el pasado sábado 3 en horas de la noche, cuando esta me comento que una de las integrantes del proyecto OREMI, al ella preguntarle acerca de mi caso, le respondió que yo, había salido del CENESEX por haberle robado a este centro oficial las banderas que un grupo de disidentes utilizo en el paseo del Prado.

Quiero recordar que en mi última conversación con la actual directora de esta entidad la Sra. Mariela Castro está también me acuso de esto, olvidando ella que en Cuba las únicas banderas multicolores que existen no son las de el centro que ella dirige.

No obstante no le negué que la Bandera que portaba en aquella fecha Ignacio Estrada hoy mi esposo, si era un regalo de mi persona para él para este evento, bandera que llevaba grabada mi firma y la fecha en que nos conocimos. Pero esta bandera que le regale a Ignacio no fue robada fue un regalo de un ciudadano norteamericano a mi persona. Ciudadano que quizás ella tema mentar por temor a que no le permitan mas venir a Cuba, pero aseguro que ahí no radica su temor su temor radicaría en perder su pequeña contribución a las actividades desarrolladas por ella y la entidad que dirige.

Desconozco lo que esta oficialista abra dicho después de mi salida del CENESEX a mis ex colegas de trabajo, nada bueno debe de haber sido. Pero acudo aun al material humano que está dentro de cada uno de ellos para que no se dejen de engañar al igual que la persona que respondió esto.

La respuesta que ofreció esta promotora de salud a mi amiga no fue su criterio propio, es algo bien montado y manipulado desde dentro de la institución

Wendy Iriepa presento la carta de renuncia no por ladrona, sino porque la Sra. Mariela Castro cuestiono mi vida personal y mas que esto dudo de mi trabajo y trato de ponerme a elegir entre mi vida privada y laboral. No obstante que beneficios puedo recibir yo con el hurto de una bandera cuando la institución en la que laboraba en aquel entonces ya tenía perdidas de otras índoles que se le trataron de achacar hasta una persona fallecida.

Es hora de ponerse a pensar y si quisieran seguirse esforzando en llamarme así, me veré obligada a seguir contando lo que sucede detrás de las sombras de los Castro y sus instituciones.

 

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