El ensayo, hecho en ratones, es un paso hacia un tratamiento personalizado de la infección.

Los investigadores tomaron moléculas humanas y las rediseñaron para que fueran más potentes.

La mayoría de las personas no son capaces de fabricar anticuerpos lo suficientemente fuertes como para frenar la infección por VIH. Por eso el virus se asienta, se reproduce (replica) y acaba destruyendo las células que lo albergan. Pero la idea de potenciar la respuesta inmunológica (la que llevará a un control natural de la infección) ha estado siempre ahí, como una alternativa a los medicamentos antivirales. E investigadores de la Universidad Rockefeller de Nueva York han dado un nuevo paso en esa dirección. Lo publican en Nature.

¿Cómo consiguen que se produzca una respuesta que la naturaleza no ofrece por sí sola? Para empezar, porque los anticuerpos se cultivan hasta encontrar cantidades altas de ellos. Además, se pueden combinar. Así, el efecto conjugado de varios de ellos puede impedir que el virus escape a su efecto. Con ello se evitan dos de los aspectos que hacen que la mayoría de los infectados (quedan fuera los llamados no progresores porque pueden detener el avance de la infección sin usar medicación) desarrollen sida si no reciben antivirales: que la respuesta inmunitaria sea insuficiente, y que el virus escape de ella mutando.

En el ensayo se usaron ratones humanizados. Es decir, se utilizaron variaciones de los roedores en los que el sistema inmunitario se ha cambiado por uno de origen humano. Esto tiene una ventaja fundamental: permite presuponer que lo que suceda será muy parecido a lo que, en ensayos posteriores que ni siquiera han empezado, vaya a suceder en humanos. Los autores creen que este abordaje es preferible al otro más frecuente cuando se estudia el VIH, que es utilizar modelos de simios. Porque los macacos no se ven afectados cuando se les inyecta VIH (ellos tienen su propio virus de esta familia, el SIV), y ya ha habido varios ensayos, como los de algunas vacunas, que han demostrado que lo que funciona en monos no lo hace en personas.

Pero, además, los anticuerpos se reformularon en laboratorio para que tuvieran su máxima potencia.

Este sistema, si llegara a implantarse, tendría efectos similares a los de los antivirales actuales en el sentido de que impiden la replicación del virus, señalan los autores, pero con algunas ventajas: “Primero, pueden neutralizar el patógeno directamente; segundo, pueden eliminar el virus y las células infectadas; tercero, los complejos inmunitarios producidos pueden potenciar la inmunidad ante el VIH-126 [un tipo de virus]; y, cuarto, la vida media de los anticuerpos es mayor que la de los antivirales actuales. Por último, los anticuerpos pueden ser expresados de una manera estable durante varios meses usando virus adenoasociados y, por los tanto, hay una elevada capacidad de biodisponibilidad”. Es decir, que se pueden seguir fabricando sin mucho problema si se inyecta el adenovirus a las personas.

Los autores recogen que, además, hay otra posibilidad: combinar este enfoque con la medicación actual, lo que debería permitir que se usaran dosis menores de antivirales. Y tiene la ventaja de que sería una alternativa en individuos que no toleran los fármacos.

Eso sí, como colofón de su articulo indican que puede conseguirse una reducción de la carga viral similar a la de los tratamientos (que la llegan a hacer indetectable). Pero eso no será hasta después de los correspondientes ensayos. Y eso puede llevar años.

Publicado en el periodico El Pais.

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